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La adicción a las compras u oniomanía o compra compulsiva es un trastorno psicológico, que comporta un deseo desenfrenado por comprar sin una necesidad real, frecuente en estados depresivos como forma compensatoria.

El adicto a las compras, sufre de un impulso incontrolable por adquirir objetos inútiles o superfluos. La gratificación deriva, más que de la utilidad de los productos, del propio proceso de comprar. Este consumo, no planificado, excede de las posibilidades económicas de la persona. Los principales rasgos de la conducta anómala son: que se compra por comprar, que las compras son excesivas, que los objetos adquiridos son innecesarios y que el sujeto es consciente de ello, pero no puede refrenar el impulso.

 Se pueden desarrollar incluso síndromes de abstinencia, si la persona enferma se encuentra con un estímulo directo, como puede ser un “centro comercial”, se produce entonces un estado de nerviosismo que sólo se calma cuando entra a comprar.El sentimiento de autoestima y de poder se satisface con la conducta de comprar, sin embargo hay una pérdida de interés por los productos una vez comprados.

El perfil del comprador compulsivo, más ususal, serían hombres y mujeres de alrededor de los 30 años pero empezaron a comprar en torno a los 18 o 20 años. Desde la perspectiva epidemiológica, ente el 1% y el 5% de la población puede sufrir esta adicción, con una proporción de 4 mujeres /1 hombre.

La mujer está más sobrerrepresentada, porque está más sujeta al dictado de la moda y por padecer más sentimientos de soledad y baja autoestima. Los objetos de compras son distintos en hombres y mujeres, ellas, se inclinan más por objetos que están relacionados con el atractivo físico (ropa, joyas, cosméticos…), ellos, por material informático, videos, accesorios de coche…. La motivación, en ambos casos, es aumentar la autoestima, las mujeres derivan la autoestima en el aspecto físico y los hombres por ser expertos o poseer riquezas. El ciclo habitual de esta conducta adictiva es el siguiente:

  • Estado de ánimo disfórico
  • Excitación ante las expectativas de comprar
  • Adquisición placentera de objetos superfluos
  • Arrepentimiento y autorreproches por el dinero gastado y por la pérdida de control
  • Repetición del ciclo para la superación del malestar

Es frecuente la asociación de esta adicción con alteraciones psicopatológicas como la depresión, trastornos de ansiedad o de la conducta alimentaria. Todos estos problemas denotan una baja autoestima y una falta de autocontrol, reflejo de la impulsividad del sujeto.

Los factores de riesgo de esta adicción son la soledad, el alejamiento de la familia, el trabajo o la insatisfacción con la pareja. Comprar puede ser una manera de relacionarse con los demás y de ver gente. En otros casos adquirir regalos, es un modo de conseguir el aprecio de los demás. Las consecuencias de la adicción a las compras suelen ser muy negativas comodeudas, problemas con la justicia, ruina, deterioro de las relaciones interpersonales, soledad, divorcio e intentos de suicidio.

De hecho, la depresión puede facilitar esta adicción, pero también puede ser una consecuencia de la misma.

La terapia cognitivo conductual, con la que trabajamos en Andasol, es decir, la modificación de los aspectos cognitivos y la intervención sobre los aspectos conductuales, es la solución a este grave problema. La intervención se centrará en técnicas conductuales, que sirvan para romper el automatismo de la conducta adictiva: el control de estímulos y la exposición progresiva con prevención de respuesta. En el primer caso la técnica es paliativa y provisional, que permitirá detener la conducta problema mediante la manipulación del entorno del individuo, para reducir o eliminar situaciones y estímulos condicionados que eviten la aparición de la conducta adictiva. Al igual que el enfermo adicto a sustancias psicoactivas, necesita de una reincorporación a la vida cotidiana, el adicto a las compras también tendrá su proceso, que será gradual y personalizado, para que aprenda a tener una conducta sana, y les enseñamos a comprar otra vez, sin necesidad de llenar la soledad, o utilizar las compras como medio para tener una buena autoestima, teniendo en este caso, la persona recuperada, una conducta sana y normal con las compras.